A mi manera Octubre 28th, 2007

Ella se recostó en la silla. La noche comenzaba pronto. Alguien interesante había aparecido. Alguien por quien ella consideraba merecía la pena intercambiar un poco de calor humano, aunque solo fuera por un día, así que… harta de tontitos, se centró en él y ahora contemplaba la ventana vacía donde bajo su miraba expectante apareció un simple ‘hola’. Una idea cruzó su mente y encendió su deseo al instante. Conectó sus dedos con el teclado y las letras fueron surgiendo, contemplando como aparecían en el monitor e imaginando la repercusión al otro lado: ‘¿Quieres probar mi piel?’.
Pensó varias contestaciones, varias posibles insinuaciones salidas de tono, dulces y apasionados besos, paró su mente lentamente mejor esperar la contestación de esos labios lejanos. Llevó distraídamente un dedo a su boca y comenzó a lamerlo sin apartar los ojos de su monitor, su lengua lo recorrió despacio, casi sin darse cuenta.
-¿Y cuál es tu límite? –la frase apareció de pronto, sintiendo su piel estremecerse con esa proposición. Su mente comenzó a relajarse, su ojos se cerraron y se sumió por completo en el contacto con aquel extraño que parecía querer apoderarse de su ser.
-Mi piel –repitió ella, se hizo un silencio, un largo silencio, seguramente él estaría pensando que ella ofrecía poco, solo la piel.
-Bien, entonces quiero que un dedo de cada mano acuda a tu pecho, deslizándolos sobre el despacio, con apenas un roce, lentamente, por todo tu pecho.
Ella no contestó su otra mano desabrochó su camisa, y dos dedos comenzaron a acariciar lentamente su pecho.
-Ahora subirán hasta los hombros, un dedo a cada hombro, despacio muy despacio, desde el extremo hasta tu cuello -sus dedos recorrieron sus hombros, su excitación empezó a crecer- hasta llegar a tu cuello, cada uno por un lado, vamos a acariciarlo despacio, de la base a tu mandíbula, alrededor, hasta juntarse en tu nuca –un suspiro escapó de sus labios al oír esa zona, y los dedos comenzaron a vagar por su cuello, subiendo y bajando en delicadas sensaciones, al llegar a la nuca no pudo evitar lanzar otro suspiro- y de la nuca a los lóbulos de la oreja, y a ellas, despacio, sigues por detrás, la piel de la cabeza, de nuevo tus lóbulos y tu nuca.
Durante unos minutos él tuvo sus dedos en su cabeza, en las mejillas, la frente, las sienes, los labios, de nuevo el cuello y la nuca. Ella sentía como se le erizaba toda la piel, como cada vez se concentraba más en sus palabras. Los hombros, el pecho de nuevo hasta el nacimiento de los pechos. Deseaba sentir las manos acariciándolos, quería sentir la tibieza de sus dedos allí, sin embargo, fueron desviados cerca de las axilas y descendieron despacio por los costados. Un largo suspiro audible solo para ella. El vientre, su ombligo suavemente acariciado, el estómago, su canalillo, y de nuevo el pecho y un nuevo descenso por los costados, esta vez con las uñas, y un ascenso idéntico, lento, uñas y su piel gritando de placer, tanto que se vio obligada a recostarse, echar la cabeza hacia atrás y sumirse en esas deliciosas sensaciones transmitido por su piel.
Sentía su sexo húmedo y ser consciente de ese detalle la excitaba todavía más, pero sus dedos no dejaban de vagar por su piel. El vientre, su pelvis, su monte, sus caderas, sus muslos, todos sus muslos por entero, las ingles, subiendo y bajando por ellas, perfilar sus braguitas y de nuevo a subir por su vientre. Otro largo suspiro acumulándose en el aire con el resto que ya habían escapado de sus labios. Sus pechos, pero allí donde no hubiera sujetador. Deshacerse del sujetador para permitir a su mano acariciar su suavidad. Su mente estaba disparada, las sensaciones se acumulaban con intensidad prendiendo su calor. Apretó las piernas para sentir su fuego ardiente avivándose en cuanto él hizo que una yema rozara su pezón, otros dedos se unieron alrededor convirtiéndolo en una isla de placer, sus piernas se apretaron más todavía.
Cuando él decidió cambiar de pecho su respiración agitada, su labio inferior mordido, y la profundidad de su deseo eran una clara imagen de su lujuria. Suaves caricias primero con las yemas por encima del pecho, con las uñas en su parte inferior, una lenta especial moviéndose sinuosa desde su nacimiento hasta su aureola y allí desesperar a su deseo trazando círculos, hasta por fin un simple roce que la hizo suspirar, alrededor con suavidad, un ligero tamborileo, unos suaves pellizquitos, apretarlo entre sus dedos y hacerlo girar, rodar, girar, rodar…
-Estira… estira… estira… más… más… más… hasta sentir algo de dolor y comienza a hacerlo girar –una profunda sensación de placer la inundó, siguió girándolo estirado mientras su cuerpo se movía lleno de excitación- ¡suelta! -lo soltó provocando un intenso suspiro cayendo de sus labios y por primera vez se dio cuenta de que su mente se estaba entregando a ese extraño, que su cuerpo anhelaba más mucho más…
Esperó unos instantes antes de proseguir. Ella intentó inútilmente calmar la furia en su entrepierna, una excitación deseando un rápido camino al placer. Pero él aun mandaba y ella comprendía que mientras estuviera en sus manos le aguardaban placeres más intensos. Le hizo descender su mano por un costado, luego el otro, arrastrando suavemente sus uñas por ellos, ella se estremecía, su estómago, su vientre, su pelvis fueron víctimas de esas uñas que encendían una llama a su paso. Sus caderas, sus mulos, por su parte externa, superior y luego interior en pequeños círculos y pellizcos, sentía como su sexo palpitaba de deseo. Subió sus dedos por una ingle, los bajo por otra, con un ligero roce.
Pasó su dedo por encima de sus braguitas, con una leve presión, sobre la entrada de su placer, completamente húmeda, y ese dedito multiplicó sus sensaciones. El dedo subía y bajaba por todo su sexo, desde su monte hasta su ano y ella se sentía cada vez más y más excitada, más ardiente. Después fueron las dos manos enteras quienes acariciaban la tela de sus braguitas, frotándola, presionándola, haciendo que sus dedos empujaran, y se movieran inquietos aquí y allá. Sus piernas abiertas del todo, su vagina empapada, sus manos provocándole oleadas de intenso placer transmitiéndose a todo su cuerpo.
Por fin un dedo penetró bajo sus braguitas para acariciar su entradita. No entró, tan solo por fuera y después ascendió casi hasta su clítoris y lo rodeó varias veces, el dedo se movió hacia uno de sus labios, lo acarició lentamente, le hizo acariciarlo y volver a acariciarlo, estirarlo, luego unos golpecitos suaves sobre el clítoris y al otro labio, y de nuevo unos golpecitos y un labio, y más golpecitos, y el otro labio, y más golpecitos, y un labio, y mas golpecitos, y el otro labio. Empapada, completamente excitada, con su deseo disparado, y subiendo como una loca por esa escalera que la conducía al orgasmo. De repente todo paró.
Unos momentos de silencio la hicieron desesperar y por fin el dedito fue conducido a su sexo, moviéndose lentamente mientras entraba acariciando sus húmedas paredes, agitándolo dentro. Otros dedos comenzaron a acariciar su clítoris, despacio, lentamente, recogiendo la humedad de su sexo para mojarlo. Sabía que ahora dependía de la bondad de ese lejano compañero, de la intensidad que diera a sus caricias, ardientes la conducirían derechita a un rápido orgasmo, lentas… ardería su deseo aprisionando su mente…
Prefirió no imaginarse ese lento tormento de caricias, esos lentos movimientos de su dedo en su interior, de sus dedos en su clítoris provocando hondos suspiros de sus labios, pero así sucedió y los suspiros fueron jadeos. Pronto las sensaciones aumentaron, su cuerpo se llenaba de placer. Iba ascendiendo por unos escalones muy cercanos al orgasmo. Pero…
Le hizo abandonar su clítoris y haciéndole mojar sus dedos en su boca los condujo a su pecho derecho, pequeños tirones y pellizcos durante unos minutos tan insufribles con el lento ritmo marcado por su dedo entre sus muslos, no pudiendo contener sus suspiros, cuando le retiró su mano debió luchar contra su deseo para apaciguarlo y no dejarse derrotar. Y él lo incrementó más todavía, haciendo deslizar por su cuerpo erizado caricias profundas, intensas hasta regresar, posando su mano sobre el pecho izquierdo e insistir en lentas acaricias, a la vez que un segundo dedo se incorporaba en la desesperante penetración. El placer la obligó a arquear la espalda, y por unos instantes las caricias se hicieron más intensas, demasiado intensas, comenzando a subir la escalera más deprisa
Le hizo sacar sus dedos de golpe provocando un audible y sonoro jadeo, la tensión en sus muslos y un pensamiento excitante: ‘cabrón’. Se dedicó por completo a sus pechos, a su vientre, sus costados, sus muslos, sus hombros. Al borde del orgasmo como la tenía continuó haciéndola apretar sus pezones con fuerza, estirarlos entre suspiros de placer haciéndolos rodar entre sus firmes dedos. Al soltarlos un largo y profundo jadeo llenó la habitación.
Le hizo quitar las braguitas, abrió sus piernas para su imaginación, ella extasiada miraba el monitor pensando en sus ojos contemplando su sexo empapado, perlado de gotitas, deseoso, anhelante, latiendo intensamente. Mientras sus manos eran conducidas a descender lujuriosas por su cuerpo siguiendo sus dictámenes, enervando su piel, colmándola de sensaciones y envolviéndola más en esa fantasía morbosa de su visión. Sus manos volvieron a jugar con su piel, aunque de vez en cuando viajaran rápidamente a su sexo para propinarle unas profundas caricias a su vagina, unos suaves toques a su clítoris, unos golpecitos a su ano, provocándole unos jadeos hasta el borde del orgasmo.
Comenzó a jugar a un lento juego. Una mano en su clítoris, la otra en el pezón derecho, medio minuto, iba a estallar. Una mano en su pezón derecho, la otra en el izquierdo, medio minuto, los suspiros ascendían por el aire cálido de la habitación, pero el orgasmo parecía no querer llegar ahora. Un mano en el pezón izquierdo la otra en su ano, medio minuto, sus caderas moviéndose, siguiendo el ritmo marcado, ‘¡dios, no llega, no llega!’ pensaba ella desesperada. Una mano en su ano, la otra en su vagina, medio minuto, creyó enloquecer…cuando él comenzó a susurrarle a través del teclado como devoraría sus pezones con sus labios. Una mano en su vagina, la otra en su clítoris, media minuto, y sus labios estirando de su pezón, atrapado entre ellos, lacerado por una lengua húmeda y cálida, no podía más, su cuerpo comenzó a tensarse, el orgasmo se acumulaba en cada poro de su piel, su respiración entrecortada comenzó a ser contenida, casi no podía respirar.
El medio minuto pasó. Pero él siguió devorando sus pezones, cambiando de uno a otro, mirándola a los ojos, contemplando como se masturbaba para él, como completamente abierta se exhibía para su placer. Siguió y siguió, y se encontró con su sexo desbocado en ese último preámbulo donde parece que el tiempo se ha detenido, donde la expresión, el gesto, se contrae, un momento donde no estás aquí… y todo tu cuerpo explota abrasando tu interior. Su respiración, sus jadeos, sus suspiros, sus muslos, su sexo, su vientre, su cuerpo entero se contrajo y explotó estremeciéndola de placer. Sus tres dedos se apretaban dentro de su sexo, agitándose sin parar, sintiendo las contracciones de su vagina. Su duro clítoris estirado y rodando entre sus dedos temblaba. Y ella se dejaba llevar por ese intenso momento de placer, disfrutándolo, perdiéndose en su placer, perdiendo la razón y siendo sometida durante esos instantes por la locura de su cuerpo entregado a la pasión.
Poco a poco fue deteniendo el ritmo mientras intentaba respirar normalmente, acompasar de nuevo los latidos de su corazón, volver a controlar su cuerpo todavía con pequeños espasmos de placer. Miró la pantalla para comprobar como él le enviaba sonrisas y le decía ‘respira, respira’. Se sonrió y él escribió otras posibilidades que hubieran convertido ese orgasmo en algo más maravilloso, hielo, algunos sencillos juguetes… su sexo reaccionó volviendo a latir con fuerza y ella se rió mientras le dedicaba pequeñas caricias. Por fin volvió a escribir algo con sentido lingüístico.
-Mañana cariño, mañana…
Pater

